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La Economía de Colombia PDF Imprimir E-mail
Escrito por Jonathan Heath©   
16.01.2008

 

Después de mucho tiempo de estancamiento, Colombia es ahora uno de los países de mayor crecimiento de la región.  Al enfrentar el terrorismo con mano dura, el muy popular Presidente Álvaro Uribe ha logrado lo que los presidentes anteriores no pudieron.  Sin embargo, el país todavía debe superar varios problemas antes de poder consolidar sus logros y aspirar a ser considerado “grado de inversión”.

Desde que las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas (FARC), nacen a mediados de los sesenta, Colombia ha sufrido en términos de progreso económico.  No solamente se creó un ambiente de inseguridad extrema con las bombas y secuestros rutinarios, sino además se agudizó el problema con el fortalecimiento de los carteles de la droga.  Cuando los traficantes enfrentaron a las FARC, parecía que el país estaba sumergido en una guerra civil.  Finalmente, hacia fines de la década pasada, la economía colombiana entró en una crisis profunda.  En 1999 la economía disminuyó 4.2 por ciento y en los siguientes años tuvo crecimiento muy bajo.

En las últimas décadas, la población colombiana ha llegado realmente a odiar a las FARC.  Lo que una vez fue un movimiento guerrillero revolucionario, se ha convertido en un grupo de terroristas sin ideología, motivado por el poder y el dinero y no por una genuina aspiración de ayudar a un pueblo pobre.  Más bien, sus acciones han empobrecido al país y creado un sin fin de problemas.  Por eso, cuando Álvaro Uribe empieza su campaña por la presidencia con la promesa de enfrentar a las FARC hasta eliminarla, consigue una victoria relativamente fácil.

Desde que Uribe asumió la presidencia en agosto de 2002, la economía crece a un ritmo visiblemente mayor y la inflación ha disminuido.  La seguridad ha regresado a la mayor parte del país y ha aumentado mucho la inversión.  La corrupción ha disminuido y las instituciones se han fortalecido.  Los carteles de droga se han desmantelado y las FARC han perdido mucho del control que una vez tuvieron.  Todo esto permitió a Uribe ganar fácilmente la reelección en 2006.

Las fuerzas paramilitares que surgieron como respuesta a las FARC a mediados de los setenta y prácticamente controlaron al país durante las últimas dos décadas, han desaparecido.  Uribe pudo sobrevivir a la crisis política que surgió hace un par de años, cuando se hicieron públicas las listas de los políticos involucrados.  Ahora el programa de “intercambio humanitario” ha acaparado la atención y permitido a Uribe recobrar una buena parte de su popularidad.

Aunque la siguiente elección no es hasta 2010, ya empieza la especulación acerca de quién será el siguiente presidente y en especial, quién podrá reemplazar a una persona tan popular como Uribe.  Sin embargo, antes de enfocarse a la sucesión, el gobierno debe consolidar la mejoría macroeconómica que ha logrado en los últimos años.  De lo contrario, mucho de lo logrado pudiera desvanecerse.

El crecimiento de los últimos dos años ha sido muy cercano a 7 por ciento, resultado de mayor inversión, tanto pública como privada, más consumo personal y una mejoría en las exportaciones.  Sin embargo, la economía crece por encima de su potencial.  Hasta ahora, el incremento en las importaciones ha permitido contener las presiones inflacionarias, que surgen naturalmente cuando una economía crece demasiado rápido.  Pero esto ha ocasionado que el déficit de la cuenta corriente aumente de menos de 2 por ciento a más de 4 por ciento del PIB en 2007 y posiblemente a más de 5 por ciento este año.  Hasta ahora, las entradas de capital en forma de inversión extranjera directa y remesas, han sido suficientes para financiar el déficit.  Inclusive, el tipo de cambio se ha apreciado.  Sin embargo, aumenta la vulnerabilidad a un paro repentino (que los economistas denominan “sudden stop”) de capital.

Esto significa que Colombia es ahora el país sudamericano que más pudiera perder ante una recesión en Estados Unidos y la inestabilidad de Chávez en Venezuela.  Ambos países representan más de 50 por ciento de las exportaciones de Colombia.  Si la demanda por exportaciones disminuye en Estados Unidos y Chávez decide incrementar las restricciones a las importaciones colombianas, pudiéramos ver un incremento importante en el déficit externo y una depreciación significativa del peso colombiano.

Colombia empezó a negociar un tratado de libre comercio con Estados Unidos en 2003.  De aprobarse, aumentaría la inversión extranjera directa  y las exportaciones, por lo que la balanza de pagos de Colombia mejoraría.  Sin embargo, el Poder Legislativo norteamericano no lo ha querido aprobar y ahora se ha enfocado a las elecciones que se llevarán a cabo en noviembre de este año.  Esto significa que en el mejor de los casos, el tratado pudiera aprobarse en 2009.  Pero el peor escenario es que no se apruebe.

El otro problema serio que enfrenta el gobierno colombiano es su situación fiscal.  A pesar de haber logrado ciertas reformas que han permitido mayor recaudación, se estima que el déficit de 2007 fue alrededor de 4 por ciento del PIB.  Peor aún, es muy probable que aumente aun más en los próximos dos años.  El gobierno ha invertido mucho en la exploración de petróleo, en espera de encontrar nuevos yacimientos, ya que de lo contrario, Colombia empezará a importar petróleo en alrededor de cinco años.

Por último, el Banco Central debe vigilar muy de cerca la inflación, que terminó 2007 en 5.7 por ciento.  No solamente enfrenta el problema global de aumentos en los precios de los alimentos, sino que el crecimiento acelerado ha generado presiones de demanda.  La respuesta del Banco ha sido aumentar la tasa de política monetaria en ocho ocasiones, para llevarla de 6 a 9.5 por ciento.

La situación económica de Colombia ha mejorado notablemente bajo la presidencia de Uribe.  Ahora falta consolidar lo que se ha logrado.  Esto significa enfrentar exitosamente la recesión de Estados Unidos y la ira de Chávez, buscar la aprobación del tratado de libre comercio, disminuir el crecimiento económico a un nivel sostenible y compatible con el objetivo de inflación y mejorar significativamente sus finanzas públicas.
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